paula soret

Hablar por hablar sin antes pararse a pensar
Si piensas, es demasiado tarde para arrojarte a un vacío incierto y lleno de oportunidades, y si no, es muy temprano e insensato arriesgarse. Solía creer que tenía algo de cabeza; razón, argumentos.
Mi ceguera me había llevado a apartar de mi propio vocabulario la posibilidad de ser idiota por un segundo.

Aunque no lo fuera, no había querido – hasta ahora-  parecerlo.

Entre tanta reflexión, me di cuenta de que la imbecilidad está  presente en todos los mejores momentos de mi vida. ¡Y qué si creen que en mi día a día soy una imbécil!, no por eso seré necesariamente una estúpida, sino más bien todo lo contrario.

Ahora sé que sufría miedo al fracaso, a decir lo incorrecto, a que me dijeran “Los hiciste mal”.

Olvidé que para llegar aquí tuve que fallar mil veces.

Olvidé que el éxito no es más que muchos intentos fallidos, ensayos.

Olvidé que el mejor humor es el que se tiene con uno mismo y con nuestra propia ingenuidad.

Se me había olvidado ser lo que siempre he sido con mis allegados, una niña.


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