Explican la predisposición de algunas madres hacia el maltrato infantil por omisión

febrero 2019Periodismo

Dos Investigadoras de la ULL asocian esta inclinación a un fallo en el sistema del cerebro que regula las emociones

El maltrato infantil constituye un problema de salud pública por sus consecuencias en el desarrollo físico y psicosocial de los niños, tal y como afirma el Instituto Madrileño del Menor y la Familia. Lo definen como “cualquier interacción o falta de esta entre el menor y sus progenitores que ocasione un daño no accidental”. Existen varios tipos de maltrato entre los que destacan el físico o psicológico como los más conocidos. Sin embargo, la forma más frecuente es por negligencia. A esta variante también se le atribuye el nombre de “maltrato por omisión” y  se relaciona con una falta de atención al menor así como de los cuidados fundamentales para su correcto desarrollo intelectual, físico y emocional.

Según apunta el Observatorio de la Infancia del Ministerio de Sanidad, servicios sociales e igualdad: “En España, el maltrato infantil representa la segunda causa de muerte en los primeros cinco años de vida, excluyendo el período neonatal”. El máximo grado que puede alcanzar el maltrato por negligencia es el abandono. Entre los trastornos más destacados que derivan de él se encuentran el retraso mental, las alteraciones en la conducta o daños cognitivos que pueden repercutir en la memoria o en la capacidad de relacionarse del niño

Los derechos de la infancia en España

La existencia del maltrato infantil por omisión no es algo nuevo. Hasta 1960, los casos más palpables de maltrato infantil no estaban tipificados como delito y los derechos del niño no formaban parte de la cultura de la sociedad española. Por este motivo, las investigaciones sobre este problema eran escasas.

Con la instauración paulatina del derecho internacional en España, la concienciación social sobre estos temas ha ido cobrando mayor presencia en las materias de Estado, aunque todavía de forma insuficiente. En 2002, el Centro Reina Sofía realizó un estudio a escala nacional sobre los expedientes de menores tramitados por Servicios Sociales tres años antes. Se estudiaron alrededor de 33.000 informes, en los que se corroboró la existencia de 11.148  víctimas. De ellas, el 86,37% sufrió negligencia; el 35,38%, maltrato psicológico; el 19,91%, maltrato físico, y el 3,55%, abuso sexual.

Gran parte de sus madres fueron maltratadas

Una de las conclusiones del estudio más reciente realizado en el Instituto Universitario de Neurociencia de la Universidad de La Laguna en colaboración con el Instituto Cubano de Neurociencia (2016) tiene que ver con el perfil de las madres que ejercen sobre sus hijos el maltrato por omisión. Según la psicóloga, docente e investigadora de la ULL María José Rodrigo la mayoría de las madres que adoptan estas conductas ha sufrido algún tipo de maltrato con anterioridad.

Esta situación provoca que el niño afectado pueda transmitir a las generaciones futuras ciertas estructuras neuronales, ya que si ha sufrido maltrato, la probabilidad de que su cerebro esté dañado es mayor y, por tanto, aumenta la posibilidad de que lo reproduzca con sus hijos. Como explica el experto en neurobiología Martin H. Teicher, existen diferencias genéticas y clínicas entre los individuos maltratados y los no maltratados.

Aunque ciertos sujetos se vuelven resilientes a los efectos psiquiátricos del maltrato, no escapan de las consecuencias neurobiológicas. Una de las más relevantes se asemeja a la producción de un cortocircuito en las redes que conectan el cerebro. Un fallo así impide que la persona afectada tome conciencia de una actitud peligrosa frente a una circunstancia concreta. En este caso, se tambalea la salud de los niños y su correcto desarrollo y las madres no son conscientes de ello no porque no quieran, sino porque no son capaces de detectar el problema por sí mismas.

Varias zonas del sistema límbico están dañadas

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En estas imágenes se aprecian las diferencias estructurales en los tractos que conectan los cerebros de las llamadas madres negligentes y madres control. Fuente: (IP) María José Rodrigo e Inmaculada León

Durante la investigación, se ha observado de forma detenida los cerebros de los dos tipos de madres clasificadas en el estudio: las madres control (que cumplen sus funciones de madre con normalidad) y las madres negligentes (aquellas que ejercen esta modalidad de maltrato).

Los resultados son reveladores, puesto que se observan claras diferencias anatómicas en los conductos cerebrales que conforman el sistema límbico del cerebro. Es importante porque este sistema conecta diversas estructuras encargadas de regular las respuestas fisiológicas de cada individuo frente a los estímulos. El hipocampo forma parte de este circuito e interviene en el contexto en el que se crean de las emociones, en la correcta formación y actividad de la memoria a largo plazo y en el aprendizaje.

En el estudio previo al del 2016, se centraron en la neuroimagen. Para esta investigación era relevante mostrarles una situación de desamparo de un menor con el fin de analizar su respuesta cerebral. Así lo afirmó la investigadora principal María José Rodrigo. En particular, “queríamos saber cómo responderían las madres al llanto de un niño, porque es la forma más evidente en que estos expresan necesidad”, añadió. Si atendemos a la teoría del apego estudiada por John Bowlby, tanto los padres como los hijos están preparados para ejercer un rol: los primeros como cuidadores y los segundos como aprendices de al menos uno de sus protectores.

La diferencia fundamental en el funcionamiento del cerebro de estas madres se asocia a la cantidad de sustancia blanca hallada, que es bastante inferior a las de las madres control. Esta sustancia es la responsable de una buena interconexión de los conductos cerebrales.

Además, como se observa en la imagen, las fibras que conectan las áreas visuales y límbicas son mucho más estrechas en las madres negligentes, lo que implica una mayor dificultad a la hora de procesar las caras de los niños y sus expresiones.

 Historias de una guardería

María López (nombre ficticio), es una cuidadora infantil que lleva 31 años trabajando en una guardería de Santa Cruz de Tenerife con niños de dos a tres años de edad. Según cuenta, en su amplia experiencia profesional se ha encontrado de todo.

“En nuestra guardería, no nos suelen traer a los niños mal vestidos o descuidados físicamente, porque eso suele darse más en los centros públicos. Sin embargo, siempre notas cuando uno de los chicos sufre algún tipo de problema en el hogar como casos de violencia doméstica, por ejemplo. Comen menos, te dicen que ‘no quieren hacerse mayores’ y no se comunican igual con el resto”, aportaba López.

Según explica la neurobióloga Patricia Mesa-Gresa, la negligencia se puede manifestar en diversos ámbitos, no solo se observa en la apariencia física de los sujetos (higiene, ropa, nutrición), sino que también existe la negligencia médica, emocional y educativa.

“Si bien es cierto, que he notado que a medida que pasa el tiempo los padres son más pasotas con sus hijos. No entiendo si es por modernidad, pero hay ciertas cuestiones que como madre no entran en mi cabeza. A diario, nos traen a los niños con enfermedades contagiosas y me da la impresión de que no se preocupan lo más mínimo por su bienestar. Además, cuando se ponen malos con fiebre y deben venir a buscarlos porque es una norma del centro te dicen: ‘Pues no, dales algo y ya iré yo’ o  ‘Lo aguantas porque no me puedo hacer cargo ahora’” – prosiguió María López.

Por otro lado, según contaba López, en Semana Santa se ha encontrado a padres que están de vacaciones y  dejan a sus hijos desde por la mañana temprano hasta las seis de la tarde, eludiendo las necesidades de afecto de los niños y la vida familiar.

Identificar el maltrato por negligencia

Si pensáramos en algún caso de padres desatentos puede que se nos vinieran varios ejemplos a la cabeza. Sin embargo, para que la forma en la que actúan con sus hijos se considere maltrato debe de observarse que sus tendencias se llevan al extremo.

Según la investigadora María José Rodrigo, una característica común en la mayoría de las madres es la Anhedonia o incapacidad para sentir placer. “Tú hablas con ellas y sientes que son incapaces de disfrutar de las pequeñas cosas como una conversación o cualquier otra situación gratificante de la vida. En ese momento, entiendes que deberías de indagar sobre las características sociales de la persona y ver qué tipo de factores han influido en su vida”.

Resulta crucial saber discernir entre los distintos casos para que no se permitan situaciones de desamparo y se preste la asistencia social necesaria. También existe una necesidad de reeducar a algunos padres con el fin de prevenir las consecuencias que derivan del maltrato. Si se extiende, los afectados son más propensos a la drogadicción, marginación social y a enfermedades como la depresión.

La Ley  1/1997 regula en Canarias la atención integral a menores. De ella, conviene prestar especial atención a los artículos 12 y 46 apartados a y g. El teléfono europeo de ayuda a la infancia es 116 111. Para atención social, puedes consultar la sede electrónica  del ayuntamiento de Santa Cruz.